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sábado, 13 de junio de 2015

VACACIONES EXPRESS

- Necesitáis todos unas vacaciones - dijo el hombre del maletín ante la sorpresa del recepcionista - Tú también.

Nadie sabía quién era aquel personaje que acababa de entrar en la agencia de transportes internacionales. Los diez empleados de la plantilla empezaron a murmurar entre ellos.

- Nos van a despedir - dio el más veterano - Ese tipo es un ejecutivo como George Clooney en Up in the Air. Lo de vacaciones es un eufemismo.

- La verdad es que nuestra facturación ha bajado más de un treinta por ciento este año - apuntó preocupada, la jefa de operaciones - Pero nadie me ha avisado de que vendría un ...

- Un liquidador - completó el recepcionista  - Nos va a echar para traer gente que cobre menos y haga más horas que un reloj.

- ¿Quién ha hablado de horas? - dijo súbitamente el recién llegado - Ya que ha salido el tema, me gustaría que me dijerais cuántas horas pasáis en esta oficina.

- De diez a doce horas - intervino la jefa de operaciones -- Aunque nuestra facturación ha bajado, somos menos y vamos con la lengua fuera.

- No es divertido eso de ir con la lengua fuera. Vamos a arreglarlo.

El recepcionista habló en nombre de todos:

- Le ruego que hable claro. Tenemos trabajo y ningún tiempo que perder. ¿Quién es usted?

- Disculpe, no me he presentado. Soy especialista en vacaciones express. Es un nuevo concepto y por las ojeras que veo, creo que las necesitáis.

- ¿Vacaciones express? - repitió el oficinista veterano - No sé qué diablos es eso, pero falta una eternidad para el verano. Si nos disculpa...

- Un momento, no me estoy refiriendo a las vacaciones de sol y playa, sino a las que tomaréis aquí mismo para rendir más. ¿O pensáis que estar aquí doce horas significa rendir?

Nadie supo qué contestar.

- Usted, por ejemplo - interpeló al oficinista ¿cómo organiza su trabajo y sus pausas?

- ¿Pausas? - respondió irritado - Aquí no hay pausas. Él teléfono suena continuamente y cuando se calla un rato, hay correos electrónicos que contestar y albaranes pendientes. ¡Es agotador!

- Tan agotador que a, a medida que avanza el día, van menguando las fuerzas y la capacidad de atención - apuntó el especialista.  El trabajo se ralentiza y aun así, se producen fallos.

El oficinista asintió desconcertado, sin acabar de entender dónde quería ir a parar aquel hombre. - Por eso estoy aquí - dijo de repente - para enseñaros a rendir y descansar, de modo que podáis salir a vuestra hora.

- ¿ Y eso cómo se hace? - preguntó, escéptica la jefa de operaciones.

- Aprendiendo a hacer mini-descansos para recuperar la energía y el poder de concentración. Así, con menos tiempo vas a conseguir mucho más. Lo que os voy a enseñar sirve tanto para vuestro trabajo en la oficina como para las tareas que realizáis en casa.

Cada vez que sientas que tu mente se dispersa, vuelve al presente. Olvídate del trabajo. Siente tus pies sobre el suelo, toca tu cara, toma consciencia de tu respiración y atiende tus necesidades. Quizá tomes consciencia de que necesitas ir al baño o beber agua. Pero también puedes aprovechar esa pausa para consultar el móvil, servirte un té, mirar al cielo o hacer ejercicios de respiración.

Haz estas micro prácticas de atención plena cada hora, cada media hora, cada vez que lo necesites. - No creo que la jefa esté de acuerdo en que paremos cada media hora - repuso un empleado.

- Estará encantada si ve que el rendimiento aumenta - dijo mirándola - De hecho, sin darnos cuenta, estáis parando prácticamente cada minuto y eso resulta agotador. ¿Cuántas veces consultáis los mensajes del móvil o los correos personales? Aunque le dediquéis solo un instante, para volver luego a la tarea es necesario un gran esfuerzo extra. on estas desconexiones y reconexiones las que nos acaban agotando. Hacen que trabajemos más lentos y seamos más torpes  a causa de la distracción.

- Entonces, se trata de hacer algunas pausas de manera más clara cuando las necesitemos para ganar en efectividad - recapituló la jefa de operaciones, que tampoco era inmune a las interrupciones constantes.

- Si, para ganar energía mental. A lo largo de la jornada, si hacéis varias pausas conscientes para escuchar vuestro cuerpo, atender vuestras necesidades o, simplemente, respirar lenta y profundamente, volveréis a vuestras tareas con más optimismo y concentración.

Antes de marcharse, el experto concluyo: 

- Ya lo dijo Ovidio, hace más de dos mil años: 

"Tomate un respiro, 
el campo que ha reposado 
da una cosecha más abundante".


Autor: Francesc Miralles 
(Escritor y Periodista)
Publicación compartida de "Mente Sana"


MENSAJES DEL CUENTO:

"Durante todo el día, realiza pausas conscientes para escuchar tu cuerpo"

"Respira profundamente, con los ojos cerrados, estira los músculos, conecta con tus necesidades"

"Estos momentos de descanso te ayudarán a ver tus tareas con más energía, mayor claridad y capacidad de concentración"

Un abrazo

Africa

miércoles, 23 de julio de 2014

PREDICCIÓN CREADORA

Una mañana, Juan se levanta y mira por la ventana qué da a la calle. En la acera de enfrente está el moderno edificio del Banco Pirulo, donde Juan tiene una cuenta. Asombrado, ve una mancha en el vidrio de la fachada e inmediatamente imagina: "Este banco va a quebrar"

Coherente con su profecía, cruza la calle y se queda en la puerta del banco esperando a que abran para sacar su dinero.

Pasa Pepe, el del colmado.

- ¿Qué tal, Juan?

- Bien, ¿qué te cuentas?

- ¿Qué haces aquí?

- Estoy esperando a que abra el banco.

- ¿Vas a pagar un impuesto?

- No, voy a cerrar mi cuenta.

- ¿Por qué?

- Mira, por nada en especial, pero he tenido una fantasía por el vidrio que está sucio. ¿ves? Y, entonces, pensé:

"¿Para que correr riesgos?"

Pepe, que también tiene una cuenta en el Pirulo, piensa:

" Tiene razón, ¿para qué correr riesgos?". Y, acto seguido, se queda detrás de Juan a esperar a que abran el banco...

Pasa Doña María.

- ¿Qué tal Don Pepe, cómo está?

- Pes ya lo ve, Doña María ... Esperando a que abran el banco.

- ¿Por qué tan temprano?

- Juan y yo vamos a sacar nuestro dinero de aquí. Un problema de riesgo, ¿sabe? Por lo de la mancha.

Doña María ni siquiera pregunta por la mancha. Se queda pensando en la palabra RIESGOS. La cola ahora tiene tres personas.

No hacen falta más detalles. A las diez de la mañana, cuando el banco abre, hay dos manzanas de cola. Es la gente del barrio que quiere cerrar sus cuentas.

Obviamente, el banco no tiene allí todo el dinero en efectivo necesario para responder a todas las peticiones. A las doce, el gerente del banco sale a la calle y dice:

- Vamos a tener que esperar hasta las dos de la tarde porque he mandado a buscar más fondos a la Oficina Central. Tranquilíncense.

La gente escucha "ESPERAR", "BUSCAR FONDOS", "TRANQUILÍCENSE", ...

Entonces se empiezan a poner exigentes. Reclaman su dinero, no pueden esperar. Llegan los periodistas de la televisión y los reporteros gráficos. Sacan fotos de los "POBRES ANCIANOS" que no reciben el dinero.

Al día siguiente, la noticia aparece publicada, radiada y televisada:

- "Escándalo frente a las puertas de Pirulo". Y la crónica relata los hechos con más o menos sensacionalismo. En todas las sucursales del banco aparecen largas colas de personas que, enfurecidas reclaman su ahorros ¡YA!

Las consecuencias son inevitables....

Han pasado dos días, Juan se levanta y lee en el diario:

"EL BANCO PIRULO ES INTERVENIDO. SE TEME SU CIERRE DEFINITIVAMENTE."

Juan cierra el diario, sonríe y dice:

"Yo, ya lo sabía ..."

Jorge Bucay

lunes, 21 de julio de 2014

LA EDAD DE LA LUZ

Ravi descubre a lo largo de un viaje con su abuelo la sabiduría de los que han vivido más que él. Ese hallazgo le hace replantearse su futuro.

Cuenta la leyenda que en un remoto reino al norte de la India existía una cruel tradición. Al cumplir los 65 años, los ancianos eran llevados a la cumbre de una montaña y abandonados allí a su suerte. Sólo quedaba exento de esta ley el marajá de aquellas tierras, de quien se decía que era al menos centenario.

Ravi acababa de cumplir los quince años cuando supo que debía hacer lo propio con su abuelo Devendra, a quien no veía desde que era un niño. El anciano vivía en una cabaña alejada del pueblo.

Al haber muerto los padres del chico en el curso de un monzón, sin dejar más descendencia, correspondía por ley al nieto deshacerse del sexagenario.

Con el ánimo sombrio, Ravi se puso en camino hacia la morada de su abuelo. Paso cabizbajo junto a la sastrería donde estaba aprendiendo el oficio, y el patrón, al verlo, salió a preguntarle:

- ¿Adónde vas con esa cara tan triste? Te he dado dos días de fiesta para que puedas cumplir con tus obligaciones.

- No me gusta este cometido, maestro.

Preferiría mil veces trabajar con usted de sol a sol en el taller.

- Tu abuelo ya ha vivido - dijo el sastre, que había superado los 50 - Pronto no se valdrá por sí mismo y será una carga para todos. Por eso debes subirlo a la montaña ahora que aún tiene fuerzas para caminar.

- ¿Y una vez allí? - pregunto Ravi escandalizado - ¿Qué le sucederá al viejo Devendra?

- Eso es algo que solo compete a Dios. Tú ocúpate de dejarlo allí arriba y que no vuelva, ya que el castigo para ti sería terrible.

Tras esta conversación, Ravi caminó hasta llegar con el crepúsculo a la cabaña solitaria de su abuelo, al borde de un tranquilo río. Pese a lo intempestivo de la hora, vio en la ventana su sombra iluminada a través de un candil.

Avergonzado por lo que estaba a punto de hacer, el chico iba a llamar a la puerta cuando esta se abrió de golpe. El viejo Devendra le escrutó con el fanal de aceite en la mano.

- ¿Has venido a buscarme?

- Si abuelo. Lo cierto es que ...

- Estoy preparado. No perdamos más tiempo. 

Asombrado por el aplomo de Devendra, que avanzaba ayudándose del bastón, anduvieron buena parte de la noche rodeando los limites de la aldea. Cuando el terreno empezó a hacerse abrupto y empinado, el anciano propuso que descansaran en una cueva un par de horas antes de reemprender el camino. Tras despejar de piedras una fina manta para entrar en calor.

- Siento mucho tener que cumplir con una misión tan cruel e injusta - dijo Ravi antes de dormirse - Si por mi fuera.

- Has hecho bien - le cortó nuevamente el anciano - Debes hacer lo que diga el marajá.

Con la primera luz del alba, nieto y abuelo retornaron el sendero que llevaba a la cumbre. Al pasar por un tupido bosque de matorrales, de repente apareció la silueta de un lobo. Luego, un segundo, al que se añadieron dos más. Pronto se vieron rodeados por una manada que, con ojos hambrientos, iba estrechando el cerco a su alrededor.

Ravi arrebato el bastón de su abuelo, decidido a emprenderla a palos con el primer lobo que les amenazara, pero el anciano lo detuvo.

- Busca al macho más grande y fuerte y enfréntate a él protegiendo tu cuello. Si le sometes, el resto de la manada se marchará con él.

Dicho y hecho, el chico se fijo en el ejemplar de más jerarquía y se midió con él mientras el resto los observaba en círculo. Ravi era muy ágil y sus brazos, fuertes, así que logró derribar al jefe de la manada e inmovilizarlo con el bastón. Le miró fijamente a los ojos y dijo:

- Nosotros solo queremos seguir nuestro camino, no haceros daño. Id a buscar otras presas más indefensas.

El animal pareció entenderlo y, tras ser liberado desapareció seguido por los suyos.

Ravi se abrazó a su abuelo, que con aquel sabio consejo había salvado la vida de ambos.

Devendra propuso que siguieran antes de que se hiciera demasiado tarde.

- Estos caminos son traicioneros y a tu vuelta corres el peligro de caer por un barranco y matarte. Por eso, toma un manojo de ramas y córtalas en trocitos para marcar el sendero.

Luego bajas por el mismo sitio.

El chico hizo lo que le pedía su abuelo.

La cumbre ya empezaba a dibujarse entre las brumas y, a medida que se acercaban, la pena de Ravi iba aumentando.

Al llegar a lo más alto, el aprendiz de sastre se sorprendió al no encontrar una cima desierta con los cadáveres de los viejos allí abandonados. Una docena de hombres y mujeres se afanaban entre pucheros, pequeños talleres improvisados y cultivos de alta montaña protegidos con mallas de seda contra los fuertes vientos.

Aprovechando los accidentes del terreno, se habían construido chozas para pasar sus últimos años juntos, ayudándose los unos a los otros.

Devendra y su nieto fueron recibidos con una sopa caliente. Después Ravi fue invitado a bajar la montaña para volver a su aldea.

Para sorpresa de todos, decidió hacerlo por el otro lado. Antes de partir dijo:

- Voy a buscar otro reino donde sepan apreciar la luz de los que ya han vivido para guiar a los que aún no saben suficiente.

Francesc Miralles
Escritor y periodista

martes, 6 de mayo de 2014

¿QUIEN MATO AL AMOR?

Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que ODIO, que es el rey de los malos sentimientos, los defectos y las malas virtudes, convocó a todos sus súbditos a una reunión urgente.

Vinieron de todas partes del mundo y los deseos más perversos del corazón humano llegaron a esta reunión, con curiosidad por saber cuál era el propósito.

Cuando estuvieron todos reunidos, ODIO se puso de pie y dijo: 

- Los he reunido a todos porque deseo con todo mi corazón matar a alguien.

Los asistentes no se extrañaron mucho pues era ODIO quien les estaba hablando y él siempre quería matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre sí quien era tan difícil de matar para que ODIO, los necesitara a todos. 

- Quiero voluntarios que maten al odioso AMOR - dijo.

Muchos sonrieron, ya que casi todos querían hacerlo de una u otra forma.

El primer voluntario fue "MAL CARÁCTER". Yo iré y les aseguro que en un mes, AMOR habrá muerto. Provocaré tal discordia e ira que no lo soportará - les dijo a todos.

Al cabo de un mes se reunieron otra vez para escuchar lo sucedido, pero "MAL CARÁCTER" tenía malas noticias. Lo siento, lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia, AMOR la superaba y salía adelante - les dijo.

Fue entonces cuando, se ofreció "AMBICIÓN" que haciendo alarde de su poder dijo - En vista de que "MAL CARÁCTER" fracasó, iré yo. Desviaré la atención de AMOR hacia el deseo por la riqueza y el poder, y no podrá vencer la tentación. No fallaré.

"AMBICIÓN" inició el ataque hacia su víctima, quien efectivamente cayó herida, pero después de luchar ferozmente, renunció a todo deseo de poder y triunfó.

ODIO se enfureció por el fracaso de "MAL CARÁCTER" y "AMBICIÓN" y decidió enviar a "CELOS", quien burlón y perverso inventaba toda clase de artimañas y situaciones para despistar y llenar de dudas y sospechas infundadas a su adversario AMOR. Pero este no tenia ninguna intención de morir, y con valentía y fortaleza lo venció.

Año tras año, ODIO siguió en su lucha y envió a sus más hirientes compañeros "FRIALDAD", "EGOÍSMO", "INDIFERENCIA", "POBREZA" y a muchos otros, pero todos fracasaron, porque cuando AMOR se sentía desfallecer, tomaba de nuevo fuerzas y todo lo superaba.

ODIO, convencido de que AMOR era invencible les dijo a los demás - "Nada se puede hacer, hemos perdido la batalla. AMOR lo ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo hemos logrado".

De pronto, de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido, su rostro era poco visible, por lo que nadie lo reconoció. 

Con voz muy firme y con mucha autoridad dijo: - Yo me encargaré de AMOR.

Confundido, pero con mucha alegría, ODIO, dijo: 

- Ve y hazlo.

Tan sólo habían pasado unos días cuando ODIO volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles que después de mucho esperar, por fin: 

AMOR HABÍA MUERTO

El sentimiento poco conocido se puso de pie, se dirigió a los presentes y les dijo:

- Ahí les entrego el cuerpo sin vida de AMOR. Esta muerto como deseaban todos ustedes, y sin decir nada más se marchó.

- Espera!! - dijo ODIO.

- ¿Cómo has podido vencerlo en tan poco tiempo?
- ¿Acaso no hizo el menor esfuerzo para sobrevivir?
- ¿Quién eres tú?

El sentimiento mostró por primera vez su horrible rostro y dijo: 

- Soy la "RUTINA"

La rutina es el peor de los enemigos del amor humano, pero déjame decirte que hay un AMOR, que ni el tiempo, ni la distancia, ni siquiera un sentimiento de maldad puede matar, porque ese amor es incondicional y eterno, no tiene principio ni fin, ese amor es el amor a Dios. Juan 3:16

Publicación compartida de Ramón Eduardo Suarez de "Poeta Desterrado", gracias

Un abrazo

Africa

lunes, 24 de febrero de 2014

EL MEJOR REGALO DEL MUNDO

La inteligente princesa de un reino descubre cuál es el mayor obsequio que un ser humano puede recibir: Atención.

El reino de Lucernia era extremadamente próspero pese a tener un monarca de pocas luces. Sus tierras eran tan fértiles que las verduras crecían con asombrosa rapidez y se obtenían más de cuatro cosechas al año sin que los agricultores hicieran apenas nada. Había agua en abundancia, los animales de las granjas producían sin cesar. Nunca faltaba comida en las casas y el superávit de alimentos permitía comerciar con otros reinos. El flujo de porcelanas de Oriente, finas sedas y muebles de los mejores artesanos del mundo era constante.

En medio de esa riqueza, la princesa Samina, de gran belleza e inteligencia a diferencia de su padre, acababa de alcanzar la mayoría de edad. Era tradición que tomara esposo antes de un mes. Cada mañana, recibiría en palacio a los pretendientes y valoraría sus regalos. Aquel que conquistara su corazón sería el elegido.

La llegada de los pretendientes desde los cuatro puntos cardinales levantó gran expectación. En la primera jornada, la población se agolpó a las puertas de palacio para contemplar lo que traían los que aspiraban a ganarse a la heredera del trono.

Un reyezuelo africano trajo como ofrenda una docena de elefantes cargados de oro, pero ni siquiera consiguió que la princesa levantara la cabeza. Humillado, tuvo que volver a su lejano país de origen con su pesada carga.

Del Norte llegó un escultural joven que portaba un zafiro grande como un puño, extraído de las profundidades de la tierra helada. La princesa abrió los ojos, admirada ante el tamaño de la piedra preciosa, pero acto seguido volvió a bajar la cabeza.

Un latifundista del Este le mostró un mapa con sus posesiones, que multiplicaban por cinco los territorios de Lucernia. Fueron poca cosa para Samina.

Mientras tanto, en la comarca más lejana y olvidada del reino, un joven labrador era arrojado al camino por su padre con un saco vacío.

- Ve hasta el palacio donde la princesa recibe a sus pretendientes y pilla todo lo que puedas.

- Pero padre... - se escandalizó el chico - ¡Eso es robar!

- No digo que robes, sino que recojas aquellos obsequios que acaben abandonados, sea por descuido o por rabia. Ser rechazado en el amor es un mal asunto, sobre todo para los caballeros de buena cuna y muchos preferirán arrojar al suelo su regalo antes que volver con él a sus tierras como muestra de fracaso.

El joven labrador se puso en camino con los pocos víveres que le había dado su padre. Estuvo tres días y tres noches caminando para llegar a la capital del reino.

Acostumbrado a su estrecho terruño, quedó fascinado por las elegantes plazas y calles con que se encontró. Observó la magnificencia de las casas y los sofisticados vestidos y trajes que lucían los capitalinos.

A su lado, pensó, parecía un indigno pordiosero que no tenía donde caerse muerto. Avergonzado, corrió a mezclarse con el pueblo llano hasta llegar a la entrada de palacio. Allí se quedó boquiabierto al ver la larga cola de pretendientes que iban pasando lentamente hacia el interior, donde, desde su trono, la princesa consideraría sus ofrendas.

"Hay demasiados curiosos aquí afuera", se dijo el labrador. "Si quiero meter algo en este saco, tendré que confundirme con los pretendientes y estar atento por si cae algo".

Dicho y hecho, se pegó a la espalda de un fornido cazador que portaba en cada una de sus manos un ave del paraíso.

Otro de los pretendientes, un noble que sostenía unos zapatos de lujosos engarces, se fijó en el saco liso del chico y le provocó:

- Eh, tú mequetrefe. ¿Qué llevas ahí?

- Pétalos de rosa.

El labrador tuvo que aguantar un estallido de risas a su alrededor.

Ya estaban cerca del trono y el chico no había encontrado ningún obsequio huérfano, como había supuesto su padre. De repente vio a la princesa Samina que, con cara de fastidio, atendía a cada uno de los pretendientes.

Era la muchacha más bella que había visto en su vida. Tal fue la impresión que le causó, que siguió hipnotizado en la cola hasta plantarse ante ella.

La princesa se fijó en sus ropas humildes y en aquel saco y le preguntó:

- ¿Qué has traído joven labrador?

- Nada.

- Por el polvo de tus zapatos, adivino que vienes de muy lejos.  ¿Has hecho un camino tan largo por nada?

Los pretendientes en la cola empezaron a proferir murmullos de burla. El chico no quería quedar como un tonto ante la princesa, así que le respondió:

- Solo puedo darte una pregunta y mis oídos para escuchar tu respuesta. Es todo lo que tengo.

La princesa le miró admirada y dijo:

- Adelante con la pregunta.

- Aquí todos vienen con cosas que no has pedido ni necesitas. Mi pregunta es: ¿qué quieres tú princesa?

- Si te soy sincera, nada.

- Pues nada es justamente lo que traigo en este saco - repuso triunfal el labrador. - Si aceptas mi regalo, es todo tuyo.

La princesa respondió con una luminosa sonrisa. A continuación, mandó despedir a los pretendientes que aún aguardaban. Había encontrado en el labrador, que le había ofrecido su atención, el mejor regalo del mundo.

Francesc Miralles
Escritor y periodista

jueves, 30 de enero de 2014

CEREMONIA DEL TÉ

Te encuentro...

Te escucho ...

Te hablo ...

Te abrazo ...

Te beso ...

Te tengo ...

Te aprieto ...

Te atrapo ...

Te absorbo ...

Te asfixio ...

¿Te quiero?

Texto extraído de:
CUENTOS PARA PENSAR
Jorge Bucay



miércoles, 29 de enero de 2014

CUENTO SIN "U"

Caminaba distraidamente por el camino y, de pronto, lo vio.

Allí estaba el imponente espejo de mano, al lado del sendero, como esperándolo.

Se acercó, lo alzó y se miró en él.

Se vio bien.
No se vio tan joven, pero los años habían sido bastante bondadosos con él.

Sin embargo, había algo desagradable en su propia imagen.

Cierta rigidez en los gestos los conectaba con los aspectos más agrios de su propia historia.

La rabia, 
             el desprecio,
                               la agresión,
                                                el abandono,
                                                                   la soledad.

Sintió la tentación de llevárselo, pero rápidamente desechó esa idea. Ya había bastantes cosas desagradables en el planeta para cargar con una más.

Decidió irse y olvidar para siempre ese camino y ese espejo insolente.

Caminó durante horas tratando de vencer la tentación de volver hacia el espejo. Aquel misterioso objeto lo atraía como los imanes atraen a los metales.

Resintió y aceleró el paso.

Tarareaba canciones infantiles para no pensar en aquella imagen horrible de sí mismo.

Corriendo, llegó a la casa donde había vivido desde siempre. Se metió vestido en la cama y se tapó la cabeza con las sabanas.

Ya no veía el exterior, ni el sendero, ni el espejo, ni su propia imagen reflejada en el espejo. Pero no podía evitar la memoria de aquella imagen.

La del resentmiento,
la del dolor, 
la de la soledad, 
la del desamor,
la del miedo,
la del menosprecio.

Había ciertas cosas indecibles e impensables ...

Pero él sabía donde había empezado todo aquello...

Había empezado aquella tarde, hacía treinta y tantos años...

El niño estaba tendido, llorando frente al lago el dolor de los malos tratos de los demás.

Aquella tarde, el niño decidió borrar, para siempre, la letra del alfabeto.

Aquella letra.

Aquella.

La letra necesaria para nombrar al otro si está presente. La letra imprescindible para hablar a los demás al dirigirles la palabra.

Si no había manera de nombrarlos dejarían de ser deseados...

Y entonces no habría motivo para sentirlos necesarios ...

Y sin motivo ni forma de invocarlos, se sentiría, por fin, libre....

EPÍLOGO

Escribiendo sin "u"
puedo hablar hasta de mi cansancio,
de lo mío, del yo,
de lo que tengo,
de lo que me pertenece...
Hasta puedo escribir de él, de ellos
y de los demás.
Pero sin "u"
no puedo hablar de ustedes,
del tú,
de lo vuestro.
No puedo hablar de lo suyo,
de lo tuyo,
ni siquiera de lo nuestro.
Así me pasa...
A veces pierdo la "u"...
y dejo de poder hablarte,
pensarte, amarte, decirte.
Sin "u" yo me quedo pero tú desapareces...
Y sin poder nombrarte,
¿cómo podría disfrutarte?
Como en el cuento... si tú no existes
me condeno a ver lo peor de mi mismo
reflejándose eternamente
en el mismo,
mismísimo,
estúpido
espejo

Cuento extraído de "Cuentos para pensar"
Jorge Bucay

martes, 28 de enero de 2014

LA CIUDAD DE LOS POZOS

Aquella ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta.

Aquella ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes... Pero pozos al fin.

Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo por el lugar en el que estaban excavados, sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior).

Habían pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillos y madera y otros más pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.

La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal, y las noticias corrían rápidamente de punta a punta del poblado.

Un día, llegó a la ciudad una "moda" que seguramente había nacido en algún pueblecito humano.

La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se preciara debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no era lo superficial sino el contenido.

Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas.

Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente, los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.

Pasó el tiempo.

La mayoría de los pozos se llenaron hasta tal punto que ya no podían incorporar nada más.

Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, otros pensaron que debían buscar algo para seguir metiendo cosas en su interior ...

Uno de ellos fue el primero. En lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose.

No pasó mucho tiempo hasta que la idea empezó a ser imitada. Todos los pozos utilizaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior. Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas que se ensanchaban desmedidamente. Él pensó que si seguían ensanchándose de aquella manera, pronto se confundirían los bordes de los distintos pozos y cada uno perdería su identidad...

Quizá a partir de esa idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta de que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo tenía que vaciarse de todo contenido...

Al principio tuvo miedo al vacío. Pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo.

Vació de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho...

Un día, algo sorprendió al pozo que crecía hacia dentro. Dentro, muy adentro y muy en el fondo... ¡encontró agua!

Nunca antes otro pozo había encontrado agua.

El pozo superó su sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo sus paredes, salpicando sus bordes y, por último sacando el agua hacia fuera.

La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa. Así que la tierra que rodeaba al pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar.

Las semillas de sus entrañas brotaron en forma de hierba, de tréboles, de flores y de tronquitos endebles que se convirtieron en árboles después....

La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo, al que empezaron a llamar "el Vergel".

Todos le preguntaban cómo había conseguido  aquel milagro.

- No es ningún milagro - contestaba el Vergel - Hay que buscar en el interior, hacia lo profundo.

Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desestimaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ser más profundos tenían que vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más, para llenarse de más y más cosas ...

En la otra punta de la ciudad, otro pozo decidió correr también el riesgo de vaciarse...

Y también empezó a profundizar...

Y también llegó al agua ...

Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo...

- ¿Qué harás cuando se termine el agua? - le preguntaban.

- No sé lo que pasará - contestaba - Pero, por ahora, cuanta más agua saco, más agua hay.

Pasaron unos meses antes del gran descubrimiento.

Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma...

Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.

Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida.

No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo  y secreto punto de contacto.

Habían descubierto la comunicación profunda que sólo consiguen aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar.

Cuento extraído de 
"Cuentos para Pensar"
Jorge Bucay

sábado, 11 de enero de 2014

LA CUBETA DE CANGREJOS


Había un hombre vendiendo cangrejos en la playa. Tenía dos cubos llenos de animales vivos: uno estaba cubierto con una malla y el otro, tapado. 


Una mujer le pregunto:

 ¿Por qué ha tapado un cubo y el otro no?

Entonces el vendedor respondió:

- Porque vendo dos tipos de cangrejos: japoneses y argentinos. El cangrejo japonés siempre trata de salir del cubo; cuando no lo consigue, los demás hacen una cadena, se apoyan unos a otros y así todos logran salir, por eso he tenido que ponerle una tapa.

- Pero, los cangrejos argentinos también tratan de escaparse, pero cuando uno intenta saltar, los de más abajo los agarran y así ninguno escapa.

Cuento extraído del libro "Gente Tóxica"

jueves, 26 de diciembre de 2013

EL LEÑADOR TENAZ

Había una vez un leñador que se presentó a trabajar en una maderera. El sueldo era bueno y las condiciones de trabajo mejores aún, así que el leñador se propuso hacer un buen papel.

El primer día se presentó el capataz, que le dio un hacha y le asignó una zona del bosque.

El hombre, entusiasmado, salió al bosque a talar.

En un solo día cortó dieciocho árboles.

- Te felicito - le dijo el capataz - sigue así.

Animado por las palabras del capataz, el leñador se decidió a mejorar su propio trabajo al día siguiente. Así que esa noche se acostó bien temprano.

A la mañana siguiente, se levantó antes que nadie y se fue al bosque.

A pesar de todo su empeño, no consiguió cortar más de quince árboles.

"Debo de estar cansado", pensó. Y decidió acostarse con la puesta de sol.

Al amanecer, se levantó decidido a batir su marca de dieciocho árboles. Sin embargo, ese día no llegó ni a la mitad.

Al día siguiente fueron siete, luego cinco, y el último día estuvo toda la tarde tratando de talar su segundo árbol.

Inquieto por lo que diría el capataz, el leñador fue a contarle lo que le estaba pasando y a jurarle y perjurarle que se estaba esforzando hasta los límites del desfallecimiento.

El capataz le preguntó: - ¿Cuándo afilaste tu hacha por última vez?

- ¿Afilar? No he tenido tiempo para afilar: he estado demasiado ocupando talando árboles.

- De qué sirve, empezar con un enorme esfuerzo que pronto se volverá insuficiente? Cuando me esfuerzo el tiempo de recuperación nunca es suficiente para optimizar mi rendimiento.

Descansar, cambiar de ocupación, hacer otras cosas, es muchas veces una manera de afilar nuestras herramientas. Seguir haciendo algo a la fuerza, en cambio, es un vano intento de reemplazar con voluntad la incapacidad de un individuo en un momento determinado.

Cuento extraído de "Déjame que te cuente..."
Jorge Bucay

jueves, 12 de diciembre de 2013

EL CONSULTOR DEL TIEMPO

Beatriz no ha cumplido ninguno de sus propósitos que se fijó al empezar el año. Un encuentro fortuito le enseñará a pasar a la acción.

Hacia mucho que Beatriz tenía la sensación de que su vida era un proyecto eternamente aplazado, como la historia de su artículo de Mariano José de Larra que había leído en sus tiempos de estudiante. Larra relataba la epopeya de un francés llegado a España para unos pocos trámites... que nunca llega a realizar porque el funcionario de turno siempre le responde con un "vuelva usted mañana", para al día siguiente obtener la misma promesa.

Mientras se preparaba un café instantáneo - lo único instantáneo en su vida - Beatriz se dijo que se comportaba consigo misma como el funcionario de Larra con el francés. Postergaba una y otra vez todo lo que se proponía, con lo que había perdido totalmente la fe en sí misma.

Desde la ventana de la cocina, contempló con fatiga el cielo veraniego mientras se lamentaba por no haber cumplido ni un solo punto de su lista navideña. Con el arranque del nuevo año, tenía el ritual de escribir en un papel tres cosas importantes para realizar antes de la llegada de las vacaciones de verano. La última vez había decidido:

1. Ir al gimnasio tres días por semana.
2. Terminar de una vez por todas la novela que empecé a escribir hace años.
3. Apuntarme a una academia de inglés.

Entusiasmada por aquellos propósitos el 2 de enero había regresado al gimnasio que pagaba - aún no sabía por qué - desde hacia un año. Su siguiente visita no fue hasta una semana más tarde, pero se dijo que ya habría tiempo de recuperar las sesiones perdidas. La tercera semana, sin embargo, varios imprevistos le impidieron acudir una sola vez. Y durante la cuarta ni siquiera pensó en cumplir en el primer plan. Había fracasado nada más empezar.

Algo parecido sucedió con su novela, un proyecto que había iniciado en sus tiempos de universitaria y que se había prometido completar antes de los 30. De eso hacia diez años. Una vez más, se había fijado como objetivo escribir una página cada noche, en lugar de ver la tele. 

La primera noche solo había logrado terminar media página porque una amiga la había llamado por teléfono y ya no había re-emprendido la escritura. La segunda noche se engancho sin querer a un debate televisivo. La tercera noche había devuelto la libreta al cajón para que durmiera nuevamente el sueño de los justos.

En cuanto a estudiar inglés, ni siquiera había empezado a buscar una escuela.

Desanimada, tomó el autobús que la llevaba a su trabajo en un una oficina de alquiler de coches. Allí no había retraso posible, ya que no fichar a la hora se penalizaba con una multa económica que no podía permitirse.

Mientras se entretenía en medio de un embotellamiento con estos pensamientos, Beatriz se fijó en un joven ejecutivo sentado a su lado. Llevaba una carpeta con su nombre estampado y, debajo, su cargo, Consutor del Tiempo.

Llena de curiosidad, no pudo evitar preguntarle en qué consistía su trabajo:

- Así como hay gestores de fortunas monetarias, yo ayudo a la gente a administrar lo más valioso que tienen: su tiempo.

- ¿De verdad? ¿Y cómo se hace eso?

- Analizo una sola jornada para entender por dónde se escapan inútilmente los segundos, minutos y horas. Cuando el cliente se da cuenta, no le resulta difícil hacer los cambios oportunos para sacar provecho de su tiempo. 

- Me encantaría contar con sus servicios - dijo Beatriz, admirada -, aunque con mi sueldo me temo que no podría permitírmelo.

- No se preocupe - sonrió el ejecutivo - cuénteme su problema. De todos modos, el atasco para que va para largo y, ahora mismo, no tengo nada que hacer.

Agradecida, Beatriz le explicó sus lamentaciones de aquella mañana en la cocina. 

- El diagnóstico está muy claro: es usted una procrastinadora.

- ¿Cómo?

- Se dedica a procrastinar - explicó él pacientemente - es decir, a aplazar las cosas que debería hacer hoy. ¿Sabe que eso implica un enorme gasto de tiempo?

Beatriz lo miró sin entender a que se refería. El ejecutivo prosiguió:

- El problema de los procrastinadores no es solo que no hacen lo que se han propuesto, porque lo que se aplaza a menudo no se realiza, sino las horas que invierten inútilmente en cambiar planes y fijar nuevas metas, que a su vez serán aplazadas en su momento. Todo eso suma un montón de tiempo tirado a la basura. Dígame, ¿cuánto tiempo ha dedicado esta mañana a pensar en lo que me ha contado?

- No mucho... Media hora quizá.

- Media hora es mucho. Podría haberla destinado a escribir unos cuantos párrafos de su novela, mientras tomaba el café. O a leer un capítulo de un libro en inglés de su nivel.

- Eso es cierto - reconoció ella - ¿Me está diciendo, entonces, que el tiempo que dedico a planificar y aplazar lo podría invertir directamente en lo que deseo hacer?

- ¡Bingo! Si esta mañana hubiera hecho usted una de las dos cosas, no estaríamos teniendo esta conversación. Estaría satisfecha con el pequeño logro y esta noche no le costaría dedicar media hora más a otra tarea. Se trata de elegir entre dos opciones: o pensamos en hacer las cosas o las hacemos. Así de simple.

Beatriz le dio las gracias justo cuando el autobús se detenía en su parada. Mientras cruzaba el vestíbulo de su oficina, decidió que entre procrastinar o hacer, en adelante elegiría siempre lo segundo.

Francesc Miralles
Escritor y periodista.